Wednesday, November 23, 2005

LA ETERNIDAD TIENE QUE SER ENTRETENIDA


      La primera vez que pensé en la palabra eternidad, imaginé que sería como estar en una sala de espera donde no te atienden nunca. O sea, el aburrimiento mismo. Por eso, alejé esa idea y no quise saber nada más.
    Pero, de pronto, la palabra volvió a mi escritorio. Para entonces ya había leído a Borges, quien abordó ese asunto intuyendo una nueva forma de la marcha del tiempo. Platón la sugirió como un mundo donde viven las ideas, donde moran los números, donde residen los moldes.
   ¿Si tanta gente tiene una vaga idea, por qué yo no puedo dar la mía? Veamos.
    Hoy para mí la eternidad no es para nada fome. Es un lugar lleno de cosas por descubrir y maravillarse. Como allí el tiempo está detenido, todo tiene que ser simultáneo.
   Imagine usted conmigo el siguiente ejemplo: el árbol que veo desde mi ventana se da a mis ojos todo altiro, no por etapas como lo conocemos. O sea, vería ese árbol con su follaje pleno, pero al mismo tiempo con sus hojas cayendo, las ramas vacías, sus brotes saliendo, agitado por el viento, abrasado por el sol, sacudido por temblores, de día, bajo lluvia, de noche, muriéndose, secándose, cayendo, naciendo de la tierra, adulto. El árbol completo, al unísono.
    Usted no tiene que esperar ya que el todo se presenta ante sus ojos de un solo golpe. ¿No cree que la eternidad debería ser entretenida?

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