Tuesday, February 21, 2006

POR UN SIMPLE BESO

       La mujer que me había sido de gran ayuda en mi trabajo de reportero, me entregó los últimos datos que necesitaba. Con esos antecedentes, mi misión concluía con éxito. Era, pues, la hora de despedirse. Mi avión salía de El Cairo esa noche hacia Tel Aviv.
      Estreché su mano, agradecido por su gran colaboración. Me miró con cortesía y yo me acerqué a su mejilla para besarla. Así se estila entre nosotros. Pero, no éramos nosotros. Yo estaba en Egipto.

     La dama en cuestión dio un paso atrás y con sonrisa y recato me dijo en mi cara: “No, por favor. Soy musulmana y eso no corresponde”. 
     Me sorprendió esa actitud y no entendí el fondo de su rechazo. Lo que para nosotros es trivial, para ellos tiene contenido.

     Este hecho, tan simple, podría ser una pista para entender el choque de nuestras civilizaciones. No entendemos a los musulmanes y no comprendemos, por ejemplo, las protestas en los países islámicos por unas irreverentes caricaturas de Mahoma en un diario europeo. Decimos “cómo tanto escándalo y violencia por unos simples monos aparecidos en prensa de segunda categoría”.
        Lo que para nosotros eran sólo dibujos, para ellos fue una ofensa al alma de su fe. Este sentimiento lo exacerban las cúpulas fanáticas que ganan dividendos con estas manifestaciones.
        Leo que a diferencia de nuestra racionalidad, para el creyente musulmán todo está mezclado: la política, la vida familiar, el trabajo, la justicia. Por eso, dicen, les es difícil entender la democracia de corte occidental.
       Antes de juzgar estos hechos, también sería bueno mirar nuestra propia conducta algo cargada a la soberbia y evitar las provocaciones gratis. Para nosotros, las cruzadas terminaron hace más de mil años. Pero, minorías musulmanas aún tienen sangre en el ojo. Para ellas, no se ha dado la última batalla.
(Foto: www.continente.nu)

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