Wednesday, June 14, 2006

LA CULTURA DEL ULMO Y LA CULTURA DEL ASCENSOR

Un ulmo, en el área de Ensenada, Región de Los Lagos.
Detalles de la flor sin peciolo del ulmo.
          En un camino vecinal de tierra me detuve frente a un hermoso árbol que me sorprendió por lo alto, por sus hojas verde brillantes, pero por sobre todo, porque estaba todo cubierto de abundantes flores sésiles blancas. Mientras lo contemplaba, vi de reojo que en sentido contrario se acercaba un jinete. Cuando pasó junto a mí le pregunté:

        ¿Este árbol es un arrayán? Y apunté con mi mano hacia el follaje. El jinete, un señor mayor, muy delgado, de manta y sombrero detuvo su caballo, no miró al árbol y se dirigió a mí:

          «Buenos días, señor», me dijo. En ese segundo sentí vergüenza por no saludar antes de preguntar. (¡Qué falta de educación!).

           Traté de arreglar las cosas y le dije, buenos días amigo y el viejo giró la cabeza hacia donde yo apuntaba mi dedo. «Es un ulmo», señor, me dijo. Sonreímos y nos despedimos. Yo seguí mi camino y el veterano agitó las riendas de su caballo que reinició la marcha meneando la cola.

            Fue una lección de urbanidad aprendida en medio del campo.
         En la capital voy a mi trabajo. Para llegar debo usar un ascensor. Ingreso y busco una ubicación en los tres metros cuadrados, entre harta gente. Se ve que son personas educadas. Pero, ni yo ni ninguno de los pasajeros del ascensor nos saludamos. Entonces se me viene a la mente el viejo del árbol florido. Si él ingresara también al cubículo de seguro que saludaría en voz alta «Buenos días». Y yo apostaría a que todos miraríamos para otro lado.

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