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RECREACIÓN ARTÍSTICA del telescopio James Webb en el espacio. |
Pero quiero centrarme en eso que tiene que ver con el lenguaje, el que aflora en circunstancias de grandes alegrías, satisfacciones y sorpresas por los logros. Los científicos son buenos para crear frases poéticas, impactantes en circunstancias como éstas. Sobre las nuevas imágenes, quizá ésas que no han mostrado, han dicho: «Está cambiando nuestra forma de ver el universo». «Hay en el cielo muchas más galaxias de las que pensábamos. Está todo lleno de galaxias por todas partes». «Estamos viendo más y más y eso no se acaba». «Con lo que hemos visto, podemos afirmar que hay muchos billones de galaxias, incluso más, mucho más».
Hace tres años, en abril de 2019, se logró la primera foto de un agujero negro en la constelación de Virgo a una distancia de nosotros de 55 millones de años luz. Uno de los científicos exclamó: «Es un absoluto monstruo». Y otro dijo su pensamiento en voz alta: «Es la mismísima puerta del infierno».
Estas frases son recientes y se parecen a otras en el pasado no muy lejano. En 1975, en una circunstancia totalmente distinta, deslumbrado por lo que veía a través de los telescopios, el astrónomo J.B.S. Haldane dijo: «El universo no solamente es más extraño de lo que suponemos, sino que mucho más de lo que podemos suponer».
En una carta a su amigo Max Born, Albert Einstein escribió en 1926 para referirse a sus teorías, observaciones y razonamientos: «Estoy del todo convencido que Dios no juega a los dados».
Como podemos notar, los científicos de tanto en tanto nos sorprenden con sus hallazgos, pero nos sorprenden mucho más con lo enigmático de sus pensamientos expresados en frases.
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