Monday, July 27, 2009

EL FUTURO YA ESTÁ ESCRITO


     Ya disponemos de antecedentes que nos dicen cómo serán nuestros últimos días. Desde el fondo del futuro recibimos mensajes de anticipación de cómo habrán cambiado las cosas para entonces. A nuestro sol, fuente de la vida que conocemos, le quedan cinco mil millones de años. Cuando el plazo se cumpla, los físicos dicen que ocurrirá lo siguiente:

     El sol permanecerá como está hoy, de color amarillo, hasta que haya quemado su último átomo de hidrógeno. Sin ese combustible comenzará a quemar las cenizas o el helio que resultó de la fusión nuclear del hidrógeno que lo mantuvo encendido por millones de años. El sol del futuro será de puro helio, el que comenzará a arder con cambios aparentes y también físicos para nuestro astro rey. Lo primero que le ocurrirá es que volverá rojo.

Un sol rojo emitirá luz de ese color, parecida a los rayos de los últimos instantes de un hermoso atardecer. Pero, además de enrojecido, también se expandirá enormemente. En su expansión primero alcanzará la órbita de Mercurio, para después engullirse a Venus. La Tierra quedará a tiro de cañón, orbitando el sol en el punto mínimo para no caer en las fauces del león.

     Tendremos un sol gigantesco encima de nuestras cabezas, irradiando un calor incalculable en grados centígrados y todo nuestro planeta estará bañado de luz rojiza, como un atardecer sin final.

     No es necesario tener mucha imaginación para pensar que ese sol monstruoso cubrirá todo el cielo desde el oriente al occidente. Así los amaneceres durarán muchas horas y antes que haya salido completamente, comenzará a meterse en el oeste más allá de las montañas. Simplemente no tendremos noches, porque antes de esconderse completamente en el horizonte, estará comenzando a asomarse por el este.

     Brrrrr. ¡Aterrador! Pero, nosotros no estaremos aquí para verlo y contarlo. Los mares habrán desaparecido y el suelo sólido será lava ardiendo. Para entonces nuestros descendientes se habrán mudado a otro lugar, probablemente a Marte. No me quiero imaginar el éxodo. El último cohete despegará con el último pasajero, quien mirará para atrás para ver por última vez esta masa terrestre retorciéndose de calor. Y de seguro que los ojos del último hombre terrestre no serán como los nuestros: habrán evolucionado para adecuarse a la luz roja del sol. Serán ojos mucho más grandes, como globos de color sangre.



(N. de la R.: las fotos muestran como imagino la cosa. En la primera imagen, un atardecer de verano en Viña del Mar; en la segunda, aspecto de la Plaza de Armas y la Catedral a eso de las 7 de la tarde; foto tres, una panorámica de Santiago con vista hacia el poniente al final de un día de primavera; y la cuarta imagen, la Tierra orbitando peligrosamente a un sol gigantesco.)

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