Tuesday, September 01, 2009

LA DENUNCIA DE LOS PRESOS


    "Los presos habían desplegado un cartel en el pasillo de la cárcel, por donde iba nuestra delegación, que no podía pasar inadvertido”, contó el sacerdote Felipe Berríos sobre una visita suya a un recinto penal, que organizó el gobierno. Su relato iba dirigido a un gran número de estudiantes universitarios y profesores congregados en el auditorio para oír su mensaje. Y prosiguió: “Fíjense, chiquillos, que el letrero decía: Aquí estamos los que hemos robado poco”.

     Lo que pareció ser una broma adquirió pleno sentido, cuando en una charla sobre problemas sociales, exclusión, pobreza y desafíos pendientes, el cura continuó diciendo que "los que roban harto no están en la cárcel porque tienen muy buenos abogados. Y, claro, esos ladrones no son de clase baja, sino de la alta sociedad. Porque no es cierto que los ladrones son sólo los pobres. Eso es estigmatizar a los pobres, los ladrones también son de los barrios acomodados. ¿No es un robo la colusión, como llaman, al acuerdo de las farmacias para subir los precios de los medicamentos? ¡Eso es robo, sólo que le ponen otro nombre!"

    Oírlo metido en las patas de los caballos es una experiencia convincente. Su voz no es altisonante. El cura se atreve a decir cosas fuertes en público, a su modo, humildemente. En otro frente dijo: "Nos están robando al padre Hurtado. Fíjense chiquillos que nos lo muestran metido debajo de los puentes rescatando cabros chicos. ¡Ésa es la imagen que nos quieren imponer! Si el padre Hurtado luchaba por la justicia…"

    Como hemos visto en su retórica, el cura Berríos, se vale de ejemplos, para extraer una abstracción o una enseñanza. Contó un episodio de los uruguayos que cayeron en la cordillera en 1972. Dijo que los que sobrevivieron, usaron como refugio una parte del fuselaje del avión. Al comienzo, los más fuertes se ubicaron en las partes más abrigadas de la estructura. Y agregó: "Pero, pronto cambiaron de actitud, llevaron a esos lugares a los enfermos y los más débiles y ellos pasaban las noches cubriendo con sus cuerpos el boquerón, para proteger del frío a los enfermos. ¡Eso es lo que falta en nuestra sociedad, que los más poderosos apoyen a los más débiles y que los más poderosos lo sean por meritocracia, no por pitutos!"

     En su mensaje el cura Berríos instó a los jóvenes a estudiar mucho, a pensar, a ser capaces de enlazar cosas, de sacar conclusiones. Los llamó también a incorporarse a la política, para desde ahí erradicar a aquellos que se aprovechan. No se trata de lamentarse y quejarse que la política y los políticos son malos. Hay que actuar desde las instituciones.

     Por último el cura se refirió a los estudios. Ser estudiosos no significa repetir lo que dijo el profesor, sino leer, investigar, meditar. Pero, también dijo "un mal estudiante es aquel que copia. Porque eso es un robo. Los que se coludieron por el asunto de las farmacias son profesionales, sí. Pero, les apuestos a que fueron malos estudiantes: copiaron, hicieron la cimarra, no prestaron atención en las clases. Cuando un estudiante es así, termina siendo un mal ciudadano, un ladrón, un evasor de impuestos. Y ese no es el camino, y los invito a sacarse la cresta estudiando, porque es la forma para cambiar lo malo".

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