Tuesday, February 03, 2026

PLANTAR UN ÁRBOL

EL SITIO del fondo de la casa paterna en Chillán Viejo.
Todos esos árboles los sembró nuestro amoroso padrastro
Belisario, fallecido hace ya tantos años. Hoy, cuando él ya
no está, lucen como un parque interior dando
 sombras y frutas.


Admiro a la persona que siembra o planta un árbol ya sea para obtener una sombra fresca, para estirar la mano y cortar una manzana o para conseguir un entorno frondoso. La acción de plantar un árbol está colmada más de amor y caridad que de esperanza. El sembrador no tiene ninguna garantía de ver algún día su obra como la imagina.  Porque habrá que esperar años y en ese tiempo puede que lo sorprenda la muerte. A pesar de esa tremenda duda, amorosamente siembra.  Como dijo San Pablo , «Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad (el amor), estas tres realidades. Pero, la mayor de todas es la caridad». (1 Corintios 13:13).

En contraste a la actitud que hemos descrito, está la de quien decide no plantar porque duda de ver coronada su obra. Esas personas son las utilitarias y las egoístas que no quieren regalar a otros algo que todavía está en el porvenir. Se preguntan «¿para qué planto si no tengo la certeza de que yo podré disfrutarlo?» 



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