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| EL NUEVO observatorio Vera Rubin, en la Región de Coquimbo. |
La pregunta acerca de qué es el universo está demás. Porque cada uno mira al cielo en la noche y ve las estrellas. Ése es el universo. Los científicos ensayan conceptos para definirlo, los filósofos hacen otro tanto. El universo está sobre nuestras cabezas y nosotros mismos somos parte de él. Escribo estas líneas porque esta semana encontré tres ideas de universo que me sorprendieron. Las dieron el escritor, Premio Nóbel de Literatura 1990, Octavio Paz, la teóloga francesa Simone Weil y el ensayista surcoreano contemporáneo Byung-Chul Han, estudioso del pensamiento de Weil.
Comienzo por Paz: «Vibraba la noche llena de insectos. Los grillos vivaqueaban entre las hierbas altas. Alcé la cara: arriba también habían establecido campamento las estrellas. Pensé que el universo era un vasto sistema de señales, una conversación entre seres inmensos».
Chul Han: «El universo no es una cuantía muerta. Todo lo contrario es algo vivo y espiritual. Todo está vivo y posee alma. Sin la espiritualidad del iniverso no cabría ninguna relación entre él y el espíritu humano».
Weil: «¿Cómo habría de dirigirse el espíritu humano a algo que no sea espiritual?»
He ahí los conceptos y sus tres inspiradores. Nuestra pregunta es ¿los astrónomos ‒humanos y con espíritu‒ están investigado el universo sólo en la energía y la materia o también en su propio espíritu?