Las citas en un mensaje acallan la voz de quien cita. Le restan presencia, por eso es recomendable moderar el número de citas en un discurso, en una charla o en un texto. Si bien constituyen un respaldo para eso que se afirma, quien las usa no se la juega. Es una demostración, en cierto sentido, de falta de coraje.
Para resolver este problema hay quienes sugieren una postura crítica ante las citas. Decir algo así como «sí, pero», sin entrar en discrepancia, sólo para matizar. Este recurso discursivo ayuda a mantener la independencia y la postura propia frente a un determinado tema. Y vuelvo al principio, introducir muchas citas únicamente demuestra que se ha leído a autores reconocidos, pero no necesariamente que se tenga una cabal comprensión sobre el asunto. Quien no esté de acuerdo me podría decir «pero demuestran honestidad». También es cierto.
No propongo no usar citas, sólo morigerar la cantidad.


