Pues bien, surgió dentro de la cultura Aconcagua un personaje que actuaba como intermediario entre los vivos y los muertos. Era el chamán. Quien ostentaba este cargo gozaba de muchos privilegios y era una autoridad. Poco después, esos grupos humanos comenzaron a enterrar a sus muertos en sitios más distantes. Entonces el chamán perdió poder y surgieron hombres más influyentes que asumieron los cargos políticos. O sea, cambió todo: los chamanes se degradaron y solo se dedicaron a ahuyentar malos espíritus.




