Negar los acontecimientos es una forma de porfiada reacción al avance de la historia. Es seguir creyendo que el mundo sigue siendo como era antes. Desde esa postura le hacen la guerra a los cambios que son el resultado del acontecimiento. La guerra puede ser de facto o del pensamiento. Su negación es rotunda.
Luego de este prólogo general, me voy a lo particular. Ha habido dos acontecimientos que para los tribales ya pasaron y se olvidaron, no causaron nada. Los tribales integran una parte sustancial de la clase política. Para ellos si bien existió el estallido social y que después se produjo la avalancha de votos en favor de redactar una nueva constitución, siguen dentro de la interpretación lineal de la historia. Las dos acontecimientos el 18/O y el Apruebo quedaron atrás, piensan, es hora de seguir adelante.
Nadie de esa tribu política menciona estas cosas, nadie parece sentir rubor. Por eso los vemos preparándose para nuevos cargos, nuevas designaciones, pidiendo votos, o sea, siguiendo el esquema rechazado. Al mirar con tanta displicencia dos poderosas manifestaciones populares, ellos prosiguen guiándose por la gula política de resguardar ventajas conseguidas anteriores a los acontecimientos.
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